Detente unos segundos y mira a tu alrededor, todo esta creado perfectamente.

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martes, 24 de noviembre de 2015

Abuso


¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? Isaías 58:6.


El abuso es uno de los peores males que existen en las relaciones humanas, y tiene distintas modalidades, desde el abuso sexual perpetrado contra menores, adolescentes o mujeres, hasta la violencia familiar o escolar (bullying), o los abusos de poder por parte de empleadores, de fuerzas de seguridad o de los poderes gobernantes.

El abuso siempre presupone que hay una persona con mayor poder que otra (generalmente poder físico, pero también puede ser psicológico, social o político), y que se vale de esa superioridad para manipular, hostigar, aprovecharse o hacer sufrir a la persona que tiene menor poder.

El abusado, lamentablemente, en general, si permite que continúe el abuso, lo hace porque tiene una autoestima demasiado baja (generalmente reforzada por el trato del abusador), un yo muy endeble y en algunos casos por una inferioridad económica que hace que parezca no quedarle otro remedio que permanecer al lado del abusador. El abusador, a su vez, es una persona enferma, que no sabe manejarse en la vida con otros códigos que no sean los de la dominación, la prepotencia, la humillación, la manipulación, y la agresión y la violencia.

Como cristianos, debemos prevenir todo tipo de abuso, enseñando en primer lugar a la gente a vivir bajo los principios del Reino de los cielos, a tratar a otros con el amor, el respeto y la delicadeza de Cristo; pero, por otro lado, también haciéndoles ver que son seres dignos, por ser hijos de Dios, del respeto y el buen trato de los demás, y que no deben permitir que abusen de ellas, y mucho menos bajo el pretexto de que porque son cristianas deben soportar la maldad de la gente que la rodea. El peor enemigo de la víctima es el silencio.

Los cristianos no podemos ser indiferentes frente a una persona que sabemos que es víctima de abuso. Debemos darle nuestro apoyo moral, prestarle nuestro oído, acompañarla, darle fuerzas morales e incluso ayudarla a tomar medidas prácticas, concretas, para romper con el ciclo enfermizo del abuso.

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie

lunes, 23 de noviembre de 2015

El dilema del aborto: respeto supremo por la vida


Oídme, oh casa de Jacob, y todo el resto de la casa de Israel, los que sois traídos por mí desde el vientre, los que sois llevados desde la matriz. Isaías 46:3.


El aborto es un tema muy doloroso. Tiene aristas muy complejas y dignas de consideración. Pero todo se reduce, en última instancia, al hecho de si un ser humano tiene derecho a disponer de la vida de otro ser humano.

Hay una falacia de pensamiento que invocan muchas mujeres y también los hombres: el pensar que, en última instancia, es la mujer embarazada la que tiene autoridad para decidir qué va a hacer con SU cuerpo, con SU vida, y que nadie tiene derecho a entrometerse y decirle lo que tiene que hacer. El error conceptual está en el uso del adjetivo posesivo “SU”, porque en realidad ese feto no es parte de su cuerpo, como lo serían el hígado, el corazón, los riñones, etc. No es un órgano más, al cual se lo puede extirpar como si fuese un ente impersonal. Es, en potencia, todo un ser humano que, si se le permite vivir, puede ser tan digno de respeto y valoración como cualquier persona. No es que, en caso de querer abortar, esa mujer esté disponiendo de SU cuerpo; está disponiendo del cuerpo y de la vida de OTRO ser humano. Por lo tanto, al quitarle la vida a otro está cometiendo un homicidio.

Nuestro texto de reflexión para hoy, al igual que otros pasajes bellísimos de las Sagradas Escrituras (Sal. 139:13-16; Jer. 1:5), nos habla de que Dios es quien, en última instancia, permitió nuestra concepción porque tiene un plan amoroso para nuestra vida, y somos queridos por él desde el mismo vientre de nuestra madre. Eso le da a nuestra vida un valor altamente sagrado, que no puede ser despreciado. Cada ser humano que se gesta en el vientre de una mujer es un milagro del amor de Dios y tiene un valor infinito ante su vista, y no tenemos derecho a trivializar este valor.

Agradece a Dios, por lo tanto, el privilegio de estar vivo, y mantente, como cristiano, siempre del lado de la defensa de la vida y del valor de los seres humanos.

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie

domingo, 22 de noviembre de 2015

Feliz el que piensa en el pobre


Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará Jehová. Jehová lo guardará, y le dará vida; será bienaventurado en la tierra… Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor; mullirás toda su cama en su enfermedad. Salmo 41:1-3.

El darwinismo social, esa corriente ideológica derivada del darwinismo natural, o biológico, nos enseña que en el mundo en que vivimos impera la ley del más apto, la supervivencia del más fuerte. Que cada uno se arregle como pueda -proclama-, y que triunfe el más competente, el más capaz, el mejor dotado. Los demás, sea por falta de capacidad o de fuerza, deben quedar excluidos de los privilegios sociales, en los márgenes de la sociedad. No deben ser parásitos y beneficiarse de los logros materiales obtenidos por los más competentes.

Es cierto que hay “pobres y pobres”. Hay quienes lo son por negligencia, porque prefieren la ley del menor esfuerzo, el vivir a costa de otros. Pero también están los pobres “dignos”, aquellos a quienes les han cercenado las posibilidades de trabajo por un capitalismo salvaje, que usa a las personas como objetos y luego las desecha cuando no puede obtener tantas ganancias; o que por razones de salud, de edad, de falta de educación adecuada, son marginados del mercado laboral. Ellos intentan luchar, pero no les alcanza lo poco que pueden ganar para vivir, o ni siquiera les dan la posibilidad de luchar. Pasan a engrosar el número de los desocupados, uno de los mayores dramas de nuestra sociedad.

El cristianismo verdadero es la religión de la compasión, de la misericordia. Son tantas las causas por las que los menos afortunados padecen necesidades que no podemos juzgar a mansalva -como hacen muchos desde la posición cómoda en que se encuentran- las razones de su pobreza, y calificarlos a todos de “vividores”. Como cristianos, debemos acercarnos a las personas necesitadas, conocerlas, comprenderlas, compadecernos de ellas y, en la medida de nuestras posibilidades, tenderles una mano amiga, para, en primer lugar, ayudarlas a sobrellevar su situación de desgracia, y en segundo lugar ver qué podemos hacer para sacarlas del estado en que se encuentran, y brindarles medios para su reinserción social y para poder ganarse la vida dignamente.



Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie

sábado, 21 de noviembre de 2015

Iglesia y política II


Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. Juan 18:36.


Por otra parte, como reza nuestro texto de reflexión para hoy, Jesús le dijo a Pilato, y nos dice a nosotros, que su Reino “no es de este mundo”. Así como sucede hoy con ciertas corrientes religiosas cristianas de fuerte orientación sociopolítica, en los tiempos de Jesús el pueblo tenía una falsa expectativa respecto de la obra y la misión del Mesías. Creían que lo más importante era la liberación sociopolítica de las estructuras humanas opresivas (Roma), y que el Mesías que vendría tendría por objeto principal esta liberación. Pero, no encontramos en ninguna parte de los evangelios que Jesús se dedicara, ni por el uso de la fuerza ni por arengas sociopolíticas, a inducir al pueblo a una rebelión, a tratar de derrocar al Gobierno de Roma.

Cuando en una ocasión cumbre de su ministerio, la gente, al haber sido alimentada por él tan solo con cinco panes y dos peces, quiso hacerlo rey, él tuvo que aclararles su misión espiritual y redentora, y que esta pasaba no por la gloria sino por el sacrificio de sí mismo (ver Juan 6).

¿Es que a Jesús no le preocupaban las cuestiones sociopolíticas, con todos los problemas y sufrimientos que producen en la gente? Por supuesto que sí. Pero bien sabía él que la raíz de todos los males que padece la humanidad, aun en lo sociopolítico, no tiene que ver tanto con estructuras humanas de poder, ideologías políticas, planes y métodos, sino con el corazón humano.

De este lado de la eternidad, nunca se solucionarán los problemas sociopolíticos. Siempre imperarán el egoísmo y el mal en los corazones de la mayoría. Y la iglesia no puede, entonces, hacer de estas cuestiones la médula de su misión, ni enredarse de tal manera en ellas que entorpezcan su razón de ser y su misión fundamental, que es espiritual, y que consiste en acercar a los hombres a Dios, mientras sirve a los más necesitados hasta que Jesús regrese en su gloria, y entonces sí ponga fin a todas las injusticias y nos lleve a la verdadera Patria, la celestial.



Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie

viernes, 20 de noviembre de 2015

Iglesia y política I


¡Levanta la voz por los que no tienen voz! ¡Defiende los derechos de los desposeídos!Proverbios 31:8, Nueva Versión Internacional.
Ya vimos, con ejemplos bíblicos, que no es impropio que un cristiano, como individuo, participe de la política. Pero ¿debería la iglesia, como institución, tener que ver con cuestiones políticas? El tema es complejo, tiene muchas aristas, y trataremos de reflexionar en algunas de ellas.

En la Biblia, encontramos que los profetas, así como Juan el Bautista e incluso Jesús (ver Mat. 23:14,23), no tenían empacho en denunciar las injusticias sociales perpetradas por los gobernantes, o los poderosos, así como los crímenes cometidos por el pueblo.

Por un lado, cuando la iglesia ve que en la sociedad se explota al pobre; que se abusa de los menores, de las mujeres y los más débiles en general; que se violan los más elementales derechos humanos; que se cometen crímenes de lesa humanidad; que se restringe la libertad de conciencia y de expresión; y tantos otros atropellos a la dignidad humana, ¿es propio que guarde silencio, pensando que no es del ámbito de su competencia inmiscuirse en estas cuestiones terrenales, que “distraerían” a la iglesia de su misión específica de predicar el evangelio?

Es cierto, hay complejidades del mundo de la política y la economía que no siempre pueden ser dilucidadas en forma clara por los legos en la materia. Pero, hay cuestiones obvias, como las mencionadas más arriba, para las cuales no se necesita ser politólogo ni economista para saber que algo está funcionando mal en la sociedad y dañando a la gente.

Sin necesidad de entrometerse en el poder político, cuántas acciones fruto de la iniciativa popular o de grupos de personas que luchan por un mundo mejor han logrado cambios significativos en la historia reciente, sin recurrir ni a la violencia ni a subterráneos manejos políticos. ¿No debe la iglesia sumar su voz, como referente moral de la sociedad, para denunciar o apoyar las denuncias contra la injusticia? ¿No debe sentir el pueblo que la iglesia se siente consustanciada con sus más legítimos intereses, que lo apoya y lo defiende moralmente? La iglesia debe, ciertamente, promover la equidad social y la ayuda al más necesitado.

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie

jueves, 19 de noviembre de 2015

El cristiano y la política


Pareció bien a Darío constituir sobre el reino ciento veinte sátrapas, que gobernasen en todo el reino. Y sobre ellos tres gobernadores, de los cuales Daniel era uno, a quienes estos sátrapas diesen cuenta, para que el rey no fuese perjudicado… Entonces los gobernadores y sátrapas buscaban ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado al reino; mas no podían hallar ocasión alguna o falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fue hallado en él. Daniel 6:1-4.


¿Puede el cristiano dedicarse a la política? ¿Son compatibles los ideales y las prácticas cristianos con los de la actividad política? Nuestro texto de reflexión para hoy nos muestra, en este sentido, el ejemplo siempre inspirador del profeta Daniel.

¡Qué maravilloso! Un hombre que está en la cima del poder -ambiente en el que generalmente los hombres pierden la cabeza, y se dejan seducir por el lujo, los vicios, los placeres y las presiones de todo tipo, así como por las mayores ambiciones egoístas- a su vez es tan intachable en su conducta que ni los propios enemigos pueden encontrar alguna falta o vicio mediante los cuales poder acusarlo.

Podríamos también hablar de José en Egipto, de Moisés gobernando al pueblo de Israel, de Salomón y David en sus mejores momentos, y de tantos creyentes modernos que ejercen posiciones gubernamentales.

Sí, parece utópico en el mundo en que vivimos, pues hay tantos intereses económicos y políticos mezquinos que nos da la sensación de que nadie puede acceder o permanecer en el poder sin corromperse o sin ser “bajado” de él porque molesta. Pero, lo que quiero rescatar aquí es el principio de lo legítimo de la actividad política para el hijo de Dios. De allí a que sea realizable es otro tema; pero, en caso de que te sientas llamado a una vocación política, o la estés ejerciendo, recuerda que la clave para seguir siendo cristiano en cualquier posición en que estés es que, como Daniel, seas fiel hasta las últimas consecuencias, intachable, y que lejos de fortalecer con tu vida la idea de que “todo hombre tiene su precio” puedas mostrar que, por la gracia de Dios, eres incomprable, y que estás allí solamente para contribuir al bienestar de la sociedad, y no para satisfacer intereses personales egoístas.

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Música para el alma


Y cuando el espíritu malo… venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él. 1 Samuel 16:23.


La música es uno de los medios más poderosos para alcanzar el alma, porque se introduce en ella apelando a lo que quizá sea uno de los resortes más importantes de nuestra conducta, como lo son nuestros sentimientos y emociones. La razón afecta nuestro comportamiento; los principios y los ejemplos inspiradores morales y religiosos, también; pero, aunque idealmente no debería ser así, los sentimientos y las emociones realizan un trabajo más directo para afectar nuestra voluntad y modificar nuestra conducta que nuestra razón y nuestras consideraciones morales.

La música contempla toda la gama de los sentimientos legítimos del ser humano: el amor, la ternura, la paz, el dolor, la tristeza, la depresión, la euforia, el valor, etc. Te permite conectarte con tus sentimientos. Es un canal para la expresión de tus estados de ánimo, a la vez que tiene poder para afectarlos, lo mismo que tus pensamientos y aun tu voluntad.

Sin necesidad de llegar al extremo de la perturbación psicológica y espiritual que padecía el rey Saúl, la buena música puede también, hoy, traer “alivio” a nuestra alma, y hacer que estemos “mejor”. La música puede ser una fuente de sana alegría, calma, solaz, paz y sosiego para nuestro espíritu, cuando esos son los sentimientos y estados de ánimo que transmite; o, por el contrario, puede alterarnos, excitarnos y volvernos irritables o violentos, cuando son esas las emociones que transmite.

Por tal motivo, como cristiano que está tratando de asemejarse a Jesús, presta atención al mensaje de las letras de las canciones que escuchas, así como a las melodías, las armonías y el ritmo de esas canciones.

Por otro lado, no digo que solamente debas escuchar música religiosa, pero inclínate por aquellas canciones cuyo mensaje te haga reflexionar en las experiencias de la vida, y te infunda gozo y optimismo. Desecha esas letras que se regodean en las experiencias amorosas inmorales, o traicioneras, o que presentan una filosofía de vida anticristiana, o depresiva, desesperanzada, y hasta con inclinaciones suicidas.

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie

martes, 17 de noviembre de 2015

Lo que lees y lo que ves


No pondré delante de mis ojos cosa injusta. Aborrezco la obra de los que se desvían; ninguno de ellos se acercará a mí. Corazón perverso se apartará de mí; no conoceré al malvado. Salmo 101:3, 4.


¿Puede un cristiano contemplar, con la conciencia limpia, una obra de teatro, una película o un programa de televisión? Por supuesto que sí. Nada hay de malo, en sí mismo, en expresiones culturales como el teatro, el cine y la televisión. Son, simplemente, medios de expresión artística y cultural, que tienen la potencialidad de transmitir tanto lo bueno como lo malo; de edificar o de degradar. No es el medio en sí el problema, sino cómo se usa.

Es nuestro deber, como cristianos que aman a Jesús y tienen como proyecto de vida procurar la semejanza con él, andar en sus caminos, obedecer su voluntad y servirlo, discernir, discriminar y elegir aquellos elementos de la cultura que pueden contribuir a nuestro proyecto espiritual de santificación, y desechar aquellos que entorpezcan este proyecto.

Por eso, nuestro texto de reflexión para hoy nos presenta un criterio muy sabio para elegir lo que permitimos que penetre en nuestro corazón a través de nuestros sentidos: “No pondré delante de mis ojos cosa injusta”. No permitiré que mi mente se vea expuesta a la maldad, la violencia, la bajeza moral, la perversión, la vanidad, la rebelión contra Dios y sus principios que se encuentran en tantas (la mayoría) obras literarias, teatrales, cinematográficas y televisivas, así como en tantos programas de información, chimentos, culturales, etc.

Es decir, el cristiano verdadero no desea que su mente sea llena con los pensamientos insidiosos de los que aborrecen a Dios y los principios cristianos, que se presentan de manera agresiva, o sutil y ponzoñosa, a través de libros, películas, obras de teatro o programas de televisión.

Finalmente, recuerda el principio bíblico y psicológico de que por la contemplación somos transformados (2 Cor. 3:18). Aquello a lo cual exponemos frecuentemente nuestra mente terminará dando el molde a nuestra conciencia, a nuestros sentimientos y pensamientos, y producirá nuestra conducta. Elige exponerte a aquello que te elevará y te hará más semejante a Jesús.

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido”
Por: Pablo Claverie

lunes, 16 de noviembre de 2015

Tres esferas de la realidad II

Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre. 2 Corintios 6:17, 18.

Lo secular no implica, intrínsecamente, nada bueno ni malo, sino que esto va a estar dado por la forma, el espíritu y los principios morales con que sea realizado.

En realidad, la actividad secular del hijo de Dios forma parte de su actividad sagrada y está envuelta por ella, por su relación con Dios, que obra como fuente de luz, verdad, bondad y rectitud para todo su quehacer en el mundo, aun cuando no son lo mismo lo sagrado y lo secular. Sin embargo, ambos pueden articularse perfectamente.

Así lo expresa de manera magistral la Constitución Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II:

“Los cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, están, por el contrario, persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio… De donde se sigue que el mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificación del mundo ni los lleva a despreocuparse del bien ajeno, sino que, al contrario, les impone como deber el hacerlo”.

El problema se genera cuando hablamos de lo profano: todo aquello que contraría los principios divinos; que encierra pecado y rebelión contra Dios. Aquí no hay posibilidad de articulación, de complementación. Sin embargo, muchos cristianos parecen creer que solo hay dos ámbitos posibles: lo sagrado y lo profano; que lo que no tiene que ver en forma directa con Dios y las actividades de la iglesia es necesariamente malo, y se opone a Dios y su gobierno. Esto no tiene por qué ser así.

Dios pone hoy, delante de ti, una vida llena de posibilidades, para que le “saques el jugo” al máximo, inspirado y guiado por su amor y sus principios morales. Disfruta, entonces, del festín de la vida, al cual Dios te invita, glorificándolo con tu vida religiosa y tu actividad secular.

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido”
Por: Pablo Claverie

domingo, 15 de noviembre de 2015

Tres esferas de la realidad I


Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios. Éxodo 20:8-10.


A fin de entender esta relación entre el cristiano y el mundo en que vivimos, creo que es necesario diferenciar entre tres conceptos: lo sagrado, lo secular y lo profano.

Por sagrado, o religioso, me refiero a todo aquello que pertenece en forma directa a nuestra relación con Dios, a lo cúltico, a lo que está “apartado” para Dios. Nota que cuando Dios terminó de crear el mundo hizo tres cosas en relación con el día séptimo, o shabbat (sábado): reposó, lo bendijo y lo santificó (Gén. 2:2, 3).

¿Por qué se menciona que Dios bendijo y santificó (apartar para un uso sagrado) el sábado? ¿Por qué no se menciona que Dios haya bendecido y santificado el resto de los días? ¿Acaso había algo de malo en ellos? En ninguna manera. Ya hemos visto que Dios, al evaluar su obra creadora, dijo que todo “era bueno” y “bueno en gran manera”. Sin embargo, aquí, desde los inicios de la historia del mundo, se establece una distinción clara entre lo que es secular (perteneciente a nuestro mundo) y lo sagrado. El sábado pasa a ser un día sagrado, consagrado a Dios para usos exclusivamente santos, o religiosos; mientras que el resto de los días de la semana no tienen esta condición.

Toma nota de los siguientes elementos: Dios ordena santificar el sábado, pero también indica el deber de trabajar seis días a la semana. Es decir, aquí Dios establece una legítima actividad secular: “tu obra”, que implica todo nuestro quehacer en el mundo en que vivimos.

Está establecido, aquí, lo TUYO y lo MÍO (en la relación entre Dios y el hombre); es decir, lo secular y lo sagrado. Por supuesto, en el concepto cristiano, el creyente siente que todo su ser y su tiempo pertenecen a Dios, y que deben ser usados para su gloria (1 Cor. 6:20; 10:31). Pero esto no implica estar exclusivamente dedicados a actividades “religiosas”, sino que Dios es glorificado, en forma indirecta, por la ACTIVIDAD SECULAR del hijo de Dios, siempre que esta sea realizada bajo los principios divinos y guiada por el Espíritu Santo.



Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El Tesoro Escondido”
Por: Pablo Claverie

sábado, 14 de noviembre de 2015

Humanismo cristiano II

Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Génesis 2:15.

Según se desprende de nuestro texto de reflexión para hoy, Dios no puso al hombre en la Tierra solamente para que se dedicara permanentemente y exclusivamente a actividades cúlticas. Nos puso en esta vida para que la vivamos intensamente, dirigidos por él, y no para que estemos solamente en una actitud mística, volátil, sino para que nuestros pies estén bien afirmados en la Tierra mientras nuestro corazón está anclado en el Cielo y conducido por él.

Nota que Dios le da una tarea EN EL MUNDO a Adán: “lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase”. Es decir, Dios proveyó este mundo para que el hombre realizara su labor en él, que lo afectara mediante su trabajo y lo cuidase. Esto indica el inicio de la cultura humana. Precisamente el término “cultura” proviene de “cultivar”, lo que está ligado al concepto de “labrar” que aparece en el Génesis.

De modo que el hombre, bajo la inspiración y la dirección de Dios, está puesto en el mundo para realizar su propia labor, para cultivarse y cultivar el mundo en el que vive, para vivir intensamente sus realidades terrenales (aquí, sin ninguna connotación negativa que luego trajo el pecado), que implican: el cultivo del trabajo; los afectos; la formación de la familia; el sostenimiento del hogar; la educación de los hijos; las artesanías; las ciencias; la técnica; las artes (pintura, música, escultura, literatura, etc.); los deportes; las recreaciones; la vida social, comunitaria y económica; etc. En definitiva, todo lo HUMANO, lo que hace al hombre ser lo que es: un ser hecho a la semejanza de Dios.

Aun cuando el pecado ha afectado y pervertido muchas de estas actividades, todavía hoy Dios nos ha entregado esta vida, con toda su riqueza, para que podamos desarrollarnos en plenitud e intervenir y participar en la existencia terrenal. Estamos en este mundo para HACER ALGO, y no solo para sentarnos místicamente a dedicarnos a la vida contemplativa; para participar de él, para contribuir al bienestar y el desarrollo de la sociedad; para crear y recrear cosas; y para hacer, dentro de nuestras limitaciones, un mundo mejor por nuestro paso en él.

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie

viernes, 13 de noviembre de 2015

Humanismo cristiano I


No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios. Eclesiastés 2:24.

La relación entre el cristiano y el mundo en que vivimos se ha prestado, a lo largo de los siglos, a dos extremos, ambos errados: Por un lado, están aquellos cristianos secularizados, para quienes la religión es solo un apéndice de su vida, como un adorno que los acompaña, pero cuya preocupación principal es gozar del mundo en que vivimos, o enfrentar sus luchas y desafíos lo mejor posible, sin mayor concentración en las cosas espirituales ni demasiada consideración por su destino eterno. Viven intensamente el aquí y ahora, y muchos de ellos también tienen una gran preocupación social, pues parecen sentir que lo único que importa es la vida actual, y las condiciones en que el hombre vive en este mundo.

Por otra parte, están los cristianos “alienados”, para quienes el todo excluyente de su existencia tiene que ver con Dios, la religión, la iglesia, que se despreocupan del mundo en el que viven, tanto en relación con sus goces como en cuanto a la lucha por mejorar su propia condición y la de la sociedad. Viven alienados de la realidad visible y, salvo lo estrictamente espiritual, hacen muy poco aporte a la sociedad. Suelen tener una religión un tanto egocéntrica, preocupados casi exclusivamente por su salvación individual, y algunos con muy poca solidaridad social.

Sin embargo, los aspectos legítimos que se encuentran en ambas posiciones pueden articularse y complementarse entre sí.

Conocemos la famosa frase de San Agustín: “Nos has hecho para ti, y nuestro corazón no halla sosiego hasta que descanse en ti”. El ser humano, en su núcleo psicoespiritual, fue hecho para Dios, y a su semejanza, y encuentra el sentido de su vida, el propósito de su existencia, en su relación con Dios y en vivir para cumplir el plan del Creador para su vida. De esta relación con Dios encuentra el sentido, la inspiración, la luz, la orientación, la dirección y las fuerzas para toda su actividad terrenal.

Solo en armonía con su Creador y su voluntad moral el ser humano puede vivir en paz y cumplir cabalmente su actividad secular.

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie

jueves, 12 de noviembre de 2015

La contracultura cristiana


No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.Romanos 12:2.

Tampoco podemos ser ingenuos: somos conscientes de que, en gran medida, la sociedad no está siendo gobernada precisamente por los principios divinos, sino por la influencia maligna del enemigo, Satanás. Por algo Jesús lo llama, en reiteradas oportunidades, “el príncipe de este mundo” (Juan 12:31; 14:30; 16:11); y San Juan nos dice que “el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5:19).

Esto no es reciente; siempre ha sido así. Siempre que haya personas que se dejen gobernar por los principios de la rebelión satánica, de hacer del “yo” el centro de la existencia en vez de Dios; pero también, gente que se haya dado cuenta de su necesidad de salvación y de seguir los principios divinos de amor, pureza y obediencia a Dios, se creará un antagonismo irreductible en la cosmovisión de la vida, las ideas, los sentimientos, los valores y los principios que rigen la existencia.

La tendencia humana es asimilarse al grupo al cual uno pertenece, permitir que la presión social nos amolde y dicte nuestra conducta. Por tal motivo, y sabiendo el peso de esta influencia, San Pablo, inspirado por Dios, nos dice en el texto de reflexión para hoy que el cristiano está llamado a un santo inconformismo, una “santa rebeldía”.

El cristianismo es, por su propia naturaleza, y cuando es vivido de manera genuina y fiel, necesariamente contracultural. No es que el cristiano sea un rebelde por la rebeldía misma, por querer diferenciarse del resto de las personas por gusto, como un fin en sí mismo, narcisista, por querer ser excéntrico y extravagante. Pero, siempre que la sociedad a la que pertenece se conduzca con valores y principios contrarios a la voluntad de Dios, a la pureza y rectitud de su carácter de amor, el cristiano verdadero será rebelde al molde de la sociedad, y elegirá vivir como Cristo, y no como los hombres influenciados por el Gran Rebelde, que con su desobediencia a Dios causó los males de este mundo.

¿Te atreverás hoy a ser diferente por amor a Cristo, cuando la situación lo requiera?

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Un Dios de Todos II

Cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o  defendiéndoles sus razonamientos. Romanos 2:14, 15.

Dios quisiera que todo el mundo fuese iluminado con el mensaje del evangelio, pues “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Tim. 2:4). Por esa razón, encargó a la iglesia que predique el evangelio “por todo el mundo y… a toda criatura” (Mar. 16:15). Pero, la realidad es que la mayor parte del mundo nunca oyó hablar del Cristo verdadero, el de la Biblia, y aun muchos ni siquiera conocen su nombre.

Sin embargo, encontramos aunque muchas veces mezcladas con el error mucha bondad y sabiduría en todos los pueblos, las civilizaciones y las culturas; mucha gente capaz de los mayores actos de bondad e incluso de sacrificio en favor del prójimo; mucha gente que ha enriquecido a la humanidad con su pensamiento, su arte o su lucha por el bien.

Mediante su Espíritu, y hasta donde le permite el ser humano, Jesús se “infiltra” en los corazones y las conciencias de todos los seres humanos de este planeta, para iluminar sus mentes con el bien y la bondad, y para darles fortaleza e inspiración para hacer el bien y evitar el mal.

Esto nos habla de un Dios grande, que no es monopolio de ninguna institución religiosa ni grupo humano, sino que es el Dios de la humanidad toda. Por lo tanto, cuando hoy te relaciones con tu prójimo que no comparte tus ideas religiosas, o que no es creyente, hazlo desde un plano de respeto y valoración, sabiendo que seguramente hay muchos valores verdaderos e importantes en su corazón, y que todos ellos proceden de Jesús, la “luz del mundo” (Juan 8:12). No adoptes una posición de soberbia espiritual, como si tú, por ser cristiano, fueses una persona superior, más buena y mejor que esa persona, sino como alguien que busca el bien, así como ella, y que has encontrado su Origen y Fuente suprema en Jesús.



Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El Tesoro Escondido”
Por: Pablo Claverie

martes, 10 de noviembre de 2015

Un Dios de Todos

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. Juan 1:9.


Pero, me dirás tú, ¿no hay gente buena en el mundo aparte de los cristianos? ¿No hay gente incluso mucho más ética que muchos creyentes, y con mayor sentido de solidaridad, que se esfuerza por ayudar a los más necesitados, sin tener que ver con Dios y la religión?


Sí, la hay. Pero ¿no es que somos todos pecadores, y que sin Dios el ser humano produce continuamente el mal? ¿De dónde, entonces, saca esta gente su bondad y su inteligencia, si vive apartada de Dios?


La Palabra de Dios nos contesta estas preguntas, y en su respuesta podemos advertir la grandeza del Dios al que adoramos. Él es el Dios de la humanidad toda, y no de un solo grupo de personas, llámense estas adventistas, cristianos, judíos o alguna iglesia en particular.


Jesús es la “luz verdadera que alumbra a todo hombre”. Fíjate que no dice, el texto, que Jesús alumbra solo a los adventistas, o cristianos o judíos, o de alguna otra confesión religiosa, sino que alumbra “a todo hombre”. En otras palabras, todo ser humano, sin importar su religión o su ideología filosófica (incluyendo a los ateos y a los agnósticos), es iluminado por la luz de Jesús, el Creador y Redentor. No hay ser humano, sin importar su condición, que no reciba destellos de la luz de Jesús que alumbran su conciencia moral.


Dios, que desea el bien presente y sobre todo la felicidad eterna de todo ser humano, no puede dejar en las tinieblas morales a tanta gente que no tiene la oportunidad de conocer el mensaje del evangelio. Ten en cuenta que en este momento, en el mundo, somos siete mil millones de personas (acabamos de llegar a esa cifra en octubre de 2011), de las cuales aproximadamente dos mil millones son cristianas y unos catorce millones son judíos. ¿Qué sucede con los otros casi cinco mil millones de personas? ¿No tienen oportunidad de salvación? ¿No hay bien ni bondad ni sabiduría en ninguna de esas personas?


Esto no significa que no debamos predicar el evangelio, pero sí que tenemos la bendita seguridad de que, por el Espíritu Santo, Dios está intentando derramar su bendición espiritual sobre todo ser humano.


Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015

“El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie

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