Detente unos segundos y mira a tu alrededor, todo esta creado perfectamente.

jueves, 24 de diciembre de 2015

El remanente


“Durante los años finales de la apostasía de Judá, las exhortaciones de los profetas parecían tener poco efecto; y cuando los ejércitos de los caldeos vinieron por tercera y última vez para sitiar a Jerusalén, la esperanza abandonó todo corazón. Jeremías predijo la ruina completa; y porque insistía en la rendición se le arrojó finalmente a la cárcel. Pero Dios no abandonó a la desesperación completa al fiel residuo que quedaba en la ciudad. Aun mientras los que despreciaban sus mensajes lo vigilaban estrechamente, Jeremías recibió nuevas revelaciones concernientes a la voluntad del Cielo para perdonar y salvar, y ellas han sido desde aquellos tiempos hasta los nuestros una fuente inagotable de consuelo para la iglesia de Dios” (PR 343, 344).

Aún en medio de la apostasía generalizada y la derrota, Dios siempre tuvo un pueblo fiel, aunque pequeño en número. Como en el caso de muchos de los profetas, una buena parte del énfasis de Jeremías fue sobre la apostasía y la infidelidad –porque de esas cosas quería Dios salvar al pueblo−; a lo largo de la historia sagrada, Dios siempre tuvo un remanente fiel, y esto seguirá hasta el fin del tiempo (ver Apoc. 12:17).

¿De qué modo el concepto de remanente está expresado en Jeremías 23:1 al 8? ¿De qué forma se aplica esto en los tiempos del Nuevo Testamento? (Ver también Jer. 33:14-18.)

En los versículos 5 al 7, los eruditos han visto una profecía mesiánica de redención para el pueblo fiel de Dios. Aunque es cierto que, después del exilio babilónico, un remanente volvió, no fue un retorno glorioso. Sin embargo, los propósitos de Dios se cumplirán por medio del linaje de David, por medio del “renuevo justo”, el Rey que un día reinará.

Esta profecía tuvo un cumplimiento parcial en la primera venida de Jesús (ver Mat. 1:1; 21:7-9; Juan 12:13), y tendrá su cumplimiento final en la Segunda Venida (ver Dan. 7:13, 14), cuando todo el pueblo fiel de Dios, su verdadero remanente, morará para siempre en paz y seguridad. La redención, simbolizada por el Éxodo desde Egipto, será final, completa y eterna.



¿En qué fijas tus esperanzas? ¿Cómo puedes aprender a confiar más y más en las promesas de Dios y su cumplimiento en tu propia vida? ¿Qué tienes fuera de ellas?

miércoles, 23 de diciembre de 2015

El crepúsculo de los ídolos


¿Cuál fue uno de los grandes pecados que el pueblo cometió, y con el que Jeremías tuvo que luchar constantemente? (Jer. 10:1-15).

Es interesante notar en estos textos no solo la forma en la que el profeta muestra cuán vanos e inútiles son los ídolos, sino cómo los contrasta con el Dios vivo. Estos dioses son impotentes, inútiles, vacíos y falsos; ¡qué contraste con el Señor que hizo los cielos y la tierra! Él permanecerá para siempre, mientras estos ídolos desaparecerán para siempre. Por ello, ¿a quién debemos adorar y dedicar nuestras vidas: a lo que es débil, falso, vano e impotente, o a Dios, cuyo poder es tan grande que creó y sostiene el universo? La respuesta, por supuesto, es obvia.

Sin embargo, por obvia que sea la respuesta, el hecho es que también corremos el peligro de caer en la idolatría. Aunque hoy no adoraremos la misma clase de ídolos que los del tiempo de Jeremías, nuestra vida moderna está llena de falsos dioses. Estos ídolos modernos pueden ser cualquier cosa que amemos más que a Dios; cualquier cosa que “adoremos” (y adorar no siempre significa cantar y orar) llega a ser nuestro dios, y somos culpables de idolatría.

¿Cuáles son algunas de las cosas a las que estamos en peligro de convertir en ídolos? Cosas como dispositivos digitales, dinero, fama, incluso otras personas. Haz una lista de esos ídolos potenciales y luego pregúntate: ¿qué salvación real ofrecen?



Por supuesto, sabemos intelectualmente que ninguna de estas cosas es digna de adoración. Sabemos que, al final, nada que este mundo nos ofrece, nada que constituyamos en un dios, puede satisfacer nuestras almas ni, ciertamente, nos podrán redimir. Si bien sabemos todas estas cosas, a menos que seamos cuidadosos, a menos que mantengamos ante nosotros a Jesús y lo que hizo por nosotros, podemos ser fácilmente arrastrados a una forma moderna de idolatría contra la que Jeremías peleó tanto.

martes, 22 de diciembre de 2015

Religión del corazón


“De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Rom. 14:12).

Mucho del libro de Jeremías está dirigido contra la nación como un todo. Una y otra vez habló acerca de Israel y de Judá como cuerpos, como la “vid escogida” (Jer. 2:21), su “amada” (Jer. 11:15; 12:7), “la heredad” de Dios (Jer. 12:7-9), su “viña” (Jer. 12:10) y su “rebaño” (Jer. 13:17). Sin duda, el libro presenta un sentido de la naturaleza corporativa del llamado de Dios a la nación.

Por supuesto, lo mismo sucede en el Nuevo Testamento, donde una y otra vez se entiende a la iglesia en un sentido corporativo (ver Efe. 1:22; 3:10; 5:27).

No obstante, la salvación es personal, no un tema corporativo. No somos salvados en un conjunto. Como con la iglesia del Nuevo Testamento, la nación de Judá estaba compuesta por individuos, y es aquí, al nivel de la persona, que surge el problema vital. El famoso texto de Deuteronomio 6:5: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”, aunque hablado a la nación como un todo, está escrito en segunda persona del singular. Es decir, el “tu” en cada caso es singular; Dios está hablando a cada uno individualmente. Al final, cada uno de nosotros, personalmente, tendremos que dar cuenta de nosotros mismos a Dios.

Y esto también lo encontramos en Jeremías.

¿Qué dicen los siguientes textos acerca de la importancia de un caminar personal, individual, con el Señor? Jer. 17:7; Jer. 17:10; Jer. 29:13; Jer. 9:23, 24.

Aunque tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo hablan acerca de la naturaleza corporativa de la iglesia de Dios, la verdadera fe es un asunto de cada persona, haciendo una entrega diaria al Señor, una elección personal de caminar en fe y obediencia.



Aunque no hay duda de que somos individualmente responsables por nuestras propias almas, ¿cómo podemos estar seguros de que estamos haciendo todo lo posible por animar y elevar a otros? ¿A quién conoces, ahora mismo, a quien puedes decirle algunas palabras bondadosas y elevadoras?

lunes, 21 de diciembre de 2015

Ritos y pecado


“Hay un documento que registra la interminable lucha de Dios con la religión organizada, conocido como la Biblia”.−Terry Eagleton, Reason, Faith, and Revolution: Reflections on the God Debate, p. 8, ed. Kindle.

Esto no es del todo cierto, porque la religión de la Biblia, la religión que Dios ha dado a la humanidad, siempre fue una “religión organizada”.

Por otro lado, no hay dudas de que, en el libro de Jeremías, el Señor estaba procurando conseguir que su pueblo se alejase de los ritos organizados pero fríos, muertos, que llegaron a dominar su fe, ritos que ellos creían que cubrían el pecado.

Como se dijo antes, pero es bueno repetirlo, la vasta mayoría de las luchas de Jeremías fue con los líderes y sacerdotes y la gente que creía que por ser los elegidos de Dios, los hijos de Abraham, el pueblo del pacto, estaban bien con Dios. Un triste engaño del que nosotros, también de la simiente de Abraham (Gál. 3:29), debemos precavernos.

¿Cuál es el mensaje de Jeremías 6:20 y 7:1 al 10? Pero, más importante, ¿de qué manera podemos aplicar estos principios a nuestro propio caminar con el Señor?

Lee Jeremías 7:9 y 10. Si alguna vez alguien quiso encontrar una situación que reflejara lo que se ha dado en llamado “gracia barata”, ciertamente es esta. El pueblo hace todas esas cosas pecaminosas y ¿luego va al templo y “adora” al verdadero Dios y reclama el perdón de sus pecados? Dios no puede ser burlado. A menos que cambiaran sus caminos, especialmente la manera en que trataban a los débiles entre ellos, tendrían que afrontar un juicio severo.

Estaban bajo un engaño al creer que su religión organizada y sus ritos eran suficientes para cubrir sus pecados, de modo que pudieran continuar en esos pecados.



¿Cuál es la diferencia entre aquello contra lo que Jeremías está amonestando y lo que Jesús dijo en Mateo 9:12? ¿Por qué es importante conocer esa diferencia?

domingo, 20 de diciembre de 2015

El Dios de Jeremías


Los adventistas del séptimo día entienden que en el centro de la gran controversia existe un tema vital: ¿Cuál es el carácter de Dios? ¿Cómo es realmente Dios? ¿Es un tirano arbitrario como lo evalúa Satanás, o es un Padre amante y preocupado que solo quiere el bien para nosotros? Estas preguntas realmente son las más importantes en todo el universo. Después de todo, ¿cuál sería nuestra situación si Dios, en vez de ser bondadoso y estar dispuesto al autosacrificio, fuese arbitrario y cruel y sádico? Estaríamos mejor sin un Dios que teniendo un Dios así.

Por eso, las preguntas son de enorme importancia. Afortunadamente, tenemos las respuestas, y se las ve mejor en la Cruz.

“Nunca olvidarán que Aquel cuyo poder creó los mundos innumerables y los sostiene a través de la inmensidad del espacio, el Amado de Dios, la Majestad del cielo, Aquel a quien los querubines y los serafines resplandecientes se deleitan en adorar, se humilló para levantar al hombre caído; que llevó la culpa y el oprobio del pecado, y sintió el ocultamiento del rostro de su Padre, hasta que la maldición de un mundo perdido quebrantó su corazón y le arrancó la vida en la cruz del Calvario. El hecho de que el Hacedor de todos los mundos, el Árbitro de todos los destinos, dejase su gloria y se humillase por amor al hombre, despertará eternamente la admiración y adoración del universo” (CS 709).

¿Cómo se revelan la naturaleza y el carácter de Dios en los siguientes textos de Jeremías? Es decir, ¿qué nos dicen estos textos acerca de Dios? Jer. 2:13; Jer. 5:22; Jer. 11:22; Jer. 31:3; Jer. 3:7.

Estas son solo unas pocas de las muchas imágenes y expresiones usadas en el libro que nos revelan algo de la naturaleza y el carácter de Dios. Él es la Fuente de vida; el poderoso Creador; un Dios de juicio; un Dios que nos ama y nos llama, una y otra vez, a arrepentirnos de nuestros pecados y a apartarnos de las sendas que conducen a nuestra destrucción.



¿Qué evidencias del carácter amante de Dios has visto en tu propia vida?

sábado, 19 de diciembre de 2015

“Lecciones de Jeremías”


Lee Para el Estudio de esta Semana: Jeremías 2:13; 6:20; 7:1-10; Mateo 9:12; Deuteronomio 6:5; Jeremías 10:1-5; 23:1-8.


Para Memorizar: “He aquí vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra” (Jer. 23:5).

Llegamos al final de nuestro estudio de Jeremías. Ha sido una aventura: mucho drama, emoción y energía en la epopeya de nuestro profeta.

Como todos los profetas, Jeremías no escribió en un vacío: su mensaje, de Dios para el pueblo, fue dado en lugares, momentos y circunstancias específicos.

Sin embargo, por radicalmente diferentes que sean esas circunstancias de las nuestras, o de las de otras generaciones que leyeron a Jeremías, los principios vitales expresados allí son los mismos para el pueblo de Dios en toda época: principios como la fidelidad a Dios y la obediencia a sus mandamientos; la verdadera religión del corazón, a diferencia de los ritos vacíos que dejan a la gente en un estado de falsa complacencia; el verdadero reavivamiento y reforma; el confiar en el Señor y en sus promesas… Y la lista sigue.

Esta semana consideremos algunas de las muchas lecciones que podemos aprender de esta revelación del amor de Dios por su pueblo aun en medio de advertencias atronadoras acerca de a dónde los llevarían sus acciones.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Para Estudiar y Meditar:


A lo largo de todo el libro de Jeremías, como a través de toda la Biblia, se nos confronta con el tema del bien y del mal. Y como cristianos sabemos distinguir el bien del mal, porque Dios ha definido estos términos para nosotros de muchas maneras diferentes. (Ver, por ejemplo, Rom. 7:7; Miq. 6:8; Jos. 24:15; Mat. 22:37-39; Deut. 12:8.) Pero ¿y si no creemos en Dios? ¿De qué modo podemos distinguir el bien del mal? Fíjate en lo que sugiere Sam Harris, autor ateo. Escribió un libro titulado The Moral Landscape [El paisaje moral], en el que alega que el bien y el mal deben y pueden entenderse solo en términos de la ciencia. Es decir, de la misma manera en que la ciencia nos ha ayudado a entender la diferencia entre la fuerza nuclear fuerte y la fuerza nuclear débil, debería ayudarnos a distinguir el bien del mal, lo correcto de lo incorrecto. Aun especula que la ciencia un día pueda curar el mal. “Considere lo que sucedería si descubriéramos una cura para el mal humano. Imagínese, como argumento, que cada cambio relevante en el cerebro humano pueda ser realizado en forma económica, sin dolor y con seguridad. La cura para la psicopatía puede ser puesta directamente en el suministro de alimentos, como la vitamina D. El mal ahora no es más que una deficiencia nutricional”.−The Moral Landscape, 190 (Simon & Schuster, Inc., ed. Kindle). Sin embargo, la mayoría de los científicos, aun los que no creen en Dios, tendrían dificultades en creer que la ciencia puede resolver estos problemas. Entonces, si no crees en Dios, ¿dónde podrías encontrar soluciones?

Preguntas para Dialogar:

1. Para nosotros, todo depende de cómo aceptemos las estipulaciones del Señor” (MS 1:138). ¿Por qué es equivocado suponer que la gracia es dada sin condiciones? Condiciones no son lo mismo que obras ni algo que nos dé méritos ante Dios. ¿De qué forma podemos aprender a diferenciar entre la falsa enseñanza de la salvación por obras (legalismo) y la falsa enseñanza de que la salvación no tiene condiciones (gracia barata)?

2. Medita más en la difícil pregunta al final de la sección del jueves. Si alguien dijera: “Yo no creo en Jesús, ni siquiera creo en Dios, y no obstante mira cuán bien me va en la vida. En realidad, yo diría que mi vida va mejor que la tuya, y tú eres un cristiano”, ¿cómo responderías?

jueves, 17 de diciembre de 2015

Desafío abierto


Lee Jeremías 44:1 al 10. ¿Qué hacían los cautivos en Egipto?

Durante la cautividad egipcia, Jeremías tuvo que afrontar el mismo problema que tuvo cuando su pueblo vivía en Judá. En ese tiempo tuvo que hablar a los líderes; ahora tenía que hablar al pueblo común, que en la cautividad cometían algunos de los mismos pecados que trajeron esta devastación sobre ellos.

¿Qué sorprendente respuesta le dieron a Jeremías cuando los confrontó? (Jer. 44:15-19).

La dureza de sus corazones y el engaño que los había vencido eran asombrosos. Básicamente, miraron a Jeremías en la cara, y desafiaron a él y lo que les había hablado en “el nombre de Jehová”.

La explicación es sencilla: en los tiempos anteriores, antes de la reforma de Josías, cuando estaban profundamente sumergidos en la adoración de dioses paganos, hasta quemando incienso a “la reina del cielo” y derramando libaciones a ella, les iba bien. Estaban bien materialmente y vivían en seguridad. Sin embargo, fue solo después de las reformas de Josías (hechas demasiado tarde y solo a medias) que la calamidad los había golpeado. Así, ¿por qué habían de escuchar a Jeremías y todas sus advertencias?

La respuesta de Jeremías (Jer. 44:20-30) fue: No, ustedes no entienden. Precisamente porque hicieron todas estas cosas, estas calamidades vinieron sobre ustedes. Peor aún, su obstinada negativa a cambiar significa que vendrán aún más calamidades, y la seguridad que ustedes pensaron que encontrarían en Egipto es un engaño y una mentira, así como los dioses paganos que ustedes adoran. Al fin, conocerán la verdad, pero será demasiado tarde.



¿Qué sucede con los que, sumergidos en el pecado y la incredulidad, parecen estar muy bien mientras que, a veces, los cristianos fieles pasan por terribles pruebas? ¿Cómo enfrentamos esta realidad?

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Llevados al exilio


Lee Jeremías 43:8 al 13. ¿Qué dijo Dios por medio de Jeremías?

Tafnes era una aldea en la frontera noreste de Egipto, que tenía fortificaciones importantes y donde vivía un gran número de colonos judíos.

Otra vez aquí, Dios quería que Jeremías actuara la profecía en forma simbólica. Aunque las palabras son poderosas, a veces, cuando se hacen cosas en la vida real, cuando se actúan ante nosotros, la presentación del tema es más fuerte y el mensaje queda más claro.

De qué modo debía Jeremías enterrar piedras a la entrada de la casa del faraón, no se nos dice. Sin embargo, el punto era claro: aún el poderoso faraón no era competidor suficiente para Dios, y éste cumpliría su palabra así como había dicho que lo haría. Los refugiados pensaron que encontrarían protección y seguridad permitiendo que Egipto viniera hacia ellos (Jer. 37:7, 8). Los dioses egipcios eran inútiles, invenciones de su torcida imaginación; estos dioses eran abominaciones paganas que mantenían a la gente en una abyecta ignorancia de la verdad. Los israelitas deberían haber sabido, como deberíamos saber nosotros, que nuestra única protección y seguridad verdaderas está en obedecer a Dios.

“Cuando la negación propia llega a ser parte de nuestra religión, entenderemos y haremos bien la voluntad de Dios; pues nuestros ojos serán ungidos con colirio de modo que podamos contemplar las cosas maravillosas de su ley. Veremos el sendero de obediencia como el único camino seguro. Dios tiene a su pueblo por responsable en proporción a la luz de la verdad que es llevada a su entendimiento. Las exigencias de su ley son justas y razonables, y mediante la gracia de Cristo él espera que cumplamos esos requerimientos” (R&H, 25 de febrero de 1890).



Piensa también en el simbolismo, de que los israelitas querían volver a Egipto para encontrar seguridad. ¡Qué ironía! En un sentido espiritual, ¿de qué maneras podemos nosotros ser tentados a “volver a Egipto”, para encontrar aquel lo que pensamos que no podemos encontrar con el Señor?

martes, 15 de diciembre de 2015

Volver a Egipto


Si no lo has leído por adelantado, Jeremías 42 podría ser muy emocionante. ¿Qué hará la gente? ¿Mostrarán fe, una fe que se revela en la obediencia, y permanecerán en Judá? ¿O cometerán el mismo error que en lo pasado y, en vez de seguir el claro “así dice Jehová”, harán lo que quieran a pesar de la clara advertencia de Dios en los últimos versículos del capítulo 42 acerca de lo que les espera si vuelven a Egipto?

Lee Jeremías 43:1 al 7. ¿Qué hicieron ellos?

Cuando la Palabra de Dios no concuerda con nuestras intenciones o deseos, tendemos a tener dudas acerca de su origen divino. Esto es lo que el pueblo y los dirigentes hicieron con Jeremías. En Israel solo cambiaron las circunstancias, pero el pueblo siguió siendo el mismo en su manera de pensar y en sus corazones. Se excusaron del voto atacando a Jeremías. Sin embargo, no queriendo atacar al anciano profeta directamente, le echaron la culpa a Baruc, su amigo y a veces su escriba, y volvieron su ira contra él, pretendiendo que él había hecho que el profeta estuviera en contra de ellos.

Lee Éxodo 16:3 y Números 16:13. ¿Qué paralelos existen entre lo que el pueblo le dijo a Jeremías y lo que sus antepasados le dijeron a Moisés?

La naturaleza humana siempre busca a quién echarle la culpa de sus problemas, o una excusa para hacer lo que quiere. De este modo, por alguna razón, Baruc fue acusado de querer que todos sus conciudadanos murieran a manos de los babilonios o fueran llevados en exilio a ese país. Jeremías 43:1 al 7 no dice por qué la gente pensó que Baruc quería que esto sucediera, como tampoco la Escritura explica por qué los hijos de Israel pensaron que Moisés quería que murieran en el desierto después de que salieron de Egipto. La gente, esclava de emociones y pasiones, puede no tener buenas razones para su manera de pensar. ¡Qué importante es que mantengamos nuestras emociones y pasiones sometidas al Señor!



¿Cuán a menudo permitimos que los sentimientos y pasiones oscurezcan nuestro juicio o aún anulen un claro “así dice Jehová”? ¿Cómo podemos protegernos para no permitir que nuestras emociones y deseos nos dominen? (Ver 2 Cor. 10:5.)

lunes, 14 de diciembre de 2015

Buscando conducción divina


Lee Jeremías 42. ¿Qué mensaje poderoso se encuentra aquí, no solo para ellos, sino para todo aquel que busca la conducción del Señor en oración?

Temerosos de los babilonios, el pueblo buscó a Jeremías y le pidió que orara por ellos buscando la conducción divina. Deben de haber sabido, para ese entonces, que Jeremías era realmente un profeta de Dios y que lo que él hablaba en nombre del Señor sucedería.

Ellos también prometieron que harían lo que Dios les pidiera o mandara a hacer. Así, vemos a un pueblo que parece haber aprendido su lección, que quería no solo saber cuál era la voluntad de Dios sino, más importante, hacerla. Las palabras: “Sea bueno, sea malo, a la voz de Jehová nuestro Dios al cual te enviamos, obedeceremos, para que obedeciendo a la voz de Jehová nuestro Dios nos vaya bien” (Jer. 42:6), fueron una poderosa confesión de fe. Después de todo lo que había sucedido, ya era hora.

Nota el paralelo aquí con los anteriores mensajes de Jeremías: No confíen en poderes extranjeros. Confíen en el Señor, y él los prosperará y los librará en el momento correcto. La salvación no viene de ninguna otra parte ni de ningún otro. Los poderes extranjeros no les ayudaron antes y no les ayudarán ahora.

Dios tiene que amonestarlos porque él conoce la tendencia de sus corazones: sabe que están pensando en volver a Egipto (reflexiona en el simbolismo) a fin de buscar la protección que necesitan. Así, Dios les dio mandatos muy claros y específicos: no hacer eso, pues tal curso de acción traerá ruina sobre ellos.

Otra vez, esta es una elección difícil, la decisión que todos enfrentamos: la vida y la paz mediante la fe y la obediencia a Jesús, o la miseria y la muerte por falta de fe y de obediencia. No importan las circunstancias diferentes, al fin, el problema es el mismo para todos nosotros. A diferencia de este pueblo, no siempre se nos dan las advertencias tan específicas y tan claramente expresadas; pero se nos han dado advertencias, de todos modos.



La vida o la muerte, la bendición o la maldición. ¿Qué clase de elecciones estás haciendo, cada día, ya sea para vida o para muerte?

domingo, 13 de diciembre de 2015

Anarquía política


Uno pensaría que, con la destrucción de la ciudad y la derrota total a manos de los babilonios, todo el pueblo habría aprendido su lección. Lamentablemente, no todos lo hicieron, y el drama no había terminado.

Lee Jeremías 40:7 al 16. ¿Qué mensaje se dio (de nuevo) al pueblo? ¿Cuál es la importancia de la palabra remanente usada en el versículo 11?

A pesar del mensaje de paz, y aun de la prosperidad que siguió (ver Jer. 40:12), no todos estaban contentos con la situación.

Lee Jeremías 41. ¿Qué nuevo problema afrontaría ahora el “remanente”?

Aunque no se indican las razones para el asesinato, el hecho es que fue perpetrado por alguien “de la descendencia real, y algunos príncipes del rey” (Jer. 41:1), sugiriendo que estos elitistas todavía no habían aceptado la idea de que la nación elegida necesitaba someterse al gobierno babilónico. Siendo que Gedalías había sido puesto en el trono por el rey de Babilonia (ver Jer. 40:5), estas personas podrían haberlo considerado un títere traidor desleal a la nación y que, por lo tanto, debía ser eliminado junto con su corte.

Al avanzar el capítulo, podemos ver que este remanente ahora enfrentaba una nueva amenaza: el temor a los babilonios quienes, sin conocer los detalles de lo sucedido, procurarían vengarse por la muerte de Gedalías y de los soldados babilonios (ver Jer. 41:3).



Los pecados de Ismael y sus hombres causaron temor entre los que no tenían nada que ver con esos pecados. ¿Qué debería decirnos esto acerca de cómo, por nuestra desobediencia, podemos producir dolor y sufrimiento a otros, aun a aquellos que no tienen nada que ver con nuestros pecados?

sábado, 12 de diciembre de 2015

“De vuelta a Egipto”


Lee Para el Estudio de esta Semana: Jeremías 40:7-16; Jeremías 41 al 43; Éxodo 16:3; Números 16:13; Jeremías 44.

Para Memorizar: “Jehová sea entre nosotros testigo de la verdad y de la lealtad, si no hiciéremos conforme a todo aquello para lo cual Jehová tu Dios te enviare a nosotros” (Jer. 42:5).

Esta semana nos acerca al final de la historia de Jeremías el profeta. Sin embargo, esta no es una terminación de “y vivieron felices para siempre”. En un sentido, uno podría resumir el estudio de una buena porción del libro de Jeremías diciendo que es un ejemplo de los límites de la gracia. Es decir, la gracia no salvará a quienes rehúsan aceptarla. No importa todo lo que haya hablado Dios, cuánto haya ofrecido la salvación, la protección, la paz y la prosperidad; todos excepto un diminuto remanente rechazaron la oferta de Dios.

Y ¿qué sucedió con Jeremías? ¡Su vida y obra, desde todo punto de vista humano, pareció inútil! El “profeta llorón” tuvo mucho por qué llorar. Aun después de que ocurrió todo aquello de lo cual había advertido, la gente todavía se aferraba a sus pecados, el paganismo y la rebelión, desafiando al profeta en su rostro y burlándose de la palabra de Dios para ellos.



Cuán cuidadosos debemos ser nosotros. La gracia es gracia porque es dada sin que se la merezca, sí; pero no se da a quienes rehúsan aceptar las condiciones con las cuales es otorgada.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Para Estudiar y Meditar:


Como vimos, la Biblia enseña que el arcoíris es una señal de la promesa del pacto de Dios de que nunca destruirá la tierra otra vez con agua. Es cierto, gracias a la ciencia, sabemos que un arcoíris ocurre cuando la luz del sol es refractada y reflejada en las gotas de agua, dispersando la luz en varios ángulos. La luz entra en una gota de lluvia en un punto, se refleja por detrás a otra gota, y sale de otra dándonos los colores que vemos. El poeta John Keats temió que la ciencia “destejiera un arcoíris”, pero aun si pudiéramos analizar, medir, predecir y cuantificar totalmente un arcoíris hasta el interior de cada fotón y la profundidad de cada “quark”, ¿qué demostraría eso fuera de que entendemos mejor las leyes naturales que Dios usó para crear las señales de la promesa del pacto? La ciencia podría un día ser capaz de explicar todo lo relacionado con la construcción de un arcoíris –hasta los 25 dígitos a la derecha del punto decimal− pero nunca podrá explicar por qué es así.

Sin embargo, nosotros sabemos por qué. Porque Dios creó nuestro mundo de tal manera que cuando la luz del sol y la neblina están en una relación correcta, la neblina descompone la luz al refractarla y reflejarla en diferentes ángulos que crean las bandas de ondas electromagnéticas que, cuando llegan a nuestro ojo, imprimen la imagen de un arcoíris en nuestra mentes. Y Dios lo hizo (el “por qué” que la ciencia nunca puede explicar) para recordarnos su promesa, el pacto, de que nunca volverá a destruir la tierra con agua.

Preguntas para Dialogar:

1. ¿Cuáles son algunas otras verdades vitales, reveladas por la Biblia, que la ciencia nunca puede enseñarnos? En realidad ¿podrías alegar que las cosas más importantes que conocemos nunca podrán ser reveladas por la ciencia? Si es así, ¿qué verdades serían esas?

2. En la clase, repasen las relaciones vitales que hay entre la fe y las obras en el plan de salvación. Es decir, ¿cuál es la función de la fe, y cuál es la de las obras, y cómo se relacionan con la experiencia cristiana?

3. ¿Qué significa decir que la ley está grabada en nuestros corazones? ¿De qué modo esta idea muestra la perpetuidad de la Ley, aún bajo el Nuevo Pacto?

jueves, 10 de diciembre de 2015

“El nuevo pacto: Parte 2”


La profecía de Jeremías acerca del nuevo pacto contiene una doble aplicación: primero, se refiere al retorno de Israel a Dios y a que él los llevaría a casa; segundo, se refiere a la obra de Jesús el Mesías, cuya muerte ratificó el pacto y cambiaría la relación entre los humanos y Dios. En el Nuevo Pacto obtenemos la expresión más plena del plan de salvación, que antes había sido revelada solo en sombras y tipos (Heb. 10:1).

Lee Lucas 22:20 y 1 Corintios 11:24 al 26. ¿Cómo se vinculan estos textos con la profecía de Jeremías?

El pan es un símbolo del cuerpo quebrantado de Cristo, representado por el cordero pascual sacrificado, como fue revelado en el Antiguo Testamento. El jugo de la vid representa la sangre de Jesús derramada en la cruz, revelada en el Nuevo Testamento. La obra de Jesús no comenzó con el Nuevo Testamento; abarca también el Antiguo, y en el Servicio de Comunión podemos ver el vínculo que une lo que Jesús ha hecho a través de toda la historia de la salvación.

El pan y el jugo, entonces, proveen el resumen más breve de esa historia de salvación. Aunque son solo símbolos, todavía por medio de estos símbolos comprendemos la increíble obra de Dios en nuestro favor.

Pablo usa el servicio de comunión para señalar no solo la muerte de Cristo, sino también su retorno, sin lo cual su muerte no tendría significado. Después de todo, ¿qué bien haría la primera venida sin la segunda, cuando seamos resucitados de nuestras tumbas (1 Tes. 4:16; 1 Cor. 15:12-18)? Jesús estableció el mismo vínculo cuando dijo: “Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre” (Mat. 26:29). No hay dudas, la primera venida de Cristo está inseparablemente ligada a su segunda venida. La primera encuentra su cumplimiento definitivo solo en la segunda.

La próxima vez que participes del servicio de comunión, piensa en el voto de Cristo de no beber del fruto de la vid hasta que lo haga con nosotros en el Reino de Dios. ¿Cómo te hace sentir esto? ¿Qué dice acerca de la cercanía que Cristo procura tener con nosotros?

miércoles, 9 de diciembre de 2015

“El nuevo pacto: Parte 1”


Lee Jeremías 31:31 al 34. ¿Qué significan estos textos tanto en su contexto original como en el nuestros días?

Jeremías pronunció estas palabras en medio de la mayor crisis que el pueblo había afrontado hasta entonces: la próxima invasión babilónica, cuando la nación fue amenazada con una casi certera extinción. Sin embargo, nuevamente aquí, como en otros lugares, el Señor les ofreció esperanza, la promesa de que esto no sería el final definitivo, y que ellos tendrían otra oportunidad para progresar en la presencia de Dios.

De este modo, la primera promesa del “nuevo pacto” que se encuentra en la Biblia está en el contexto del regreso final de Israel del exilio babilónico y la bendición que Dios les otorgaría a su regreso. Así como romper el pacto hecho en Sinaí (Jer. 31:32) los llevó al exilio, la reformulación de este pacto los preservaría y les daría esperanza para el futuro. Como el pacto del Sinaí, el nuevo pacto sería de relaciones e incluiría la misma ley, los Diez Mandamientos, pero ahora escritos no en tablas de piedra sino en sus corazones, donde deberían haber estado siempre.

“La misma ley que fue grabada en tablas de piedra es escrita por el Espíritu Santo sobre las tablas del corazón. En vez de tratar de establecer nuestra propia justicia, aceptamos la justicia de Cristo. Su sangre expía nuestros pecados. Su obediencia es aceptada en nuestro favor. Entonces, el corazón renovado por el Espíritu Santo producirá los frutos del Espíritu. Mediante la gracia de Cristo viviremos obedeciendo a la ley de Dios, escrita en nuestro corazón” (PP 389).

Bajo el nuevo pacto, sus pecados serían perdonados, conocerían al Señor por sí mismos y obedecerían la ley de Dios mediante el poder del Espíritu Santo actuando en ellos. El pacto viejo en sombras y símbolos es el pacto nuevo en la realidad, porque la salvación fue siempre por fe, una fe que revelaría los frutos del Espíritu.

martes, 8 de diciembre de 2015

El pacto en el Sinaí


¿Cómo se hizo el pacto entre Dios e Israel en el monte Sinaí? (Éxo. 24.)

Moisés y algunos líderes fueron al monte Sinaí. Estos líderes incluían a Aarón y sus dos hijos, que representaban a los sacerdotes; y setenta ancianos, líderes y jueces, quienes representaban a la nación. Los hombres que acompañaban a Moisés debieron detenerse lejos, pero a Moisés se le permitió subir a donde se le apareció Dios.

Moisés más tarde fue y afirmó el pacto con toda la nación. Proclamó lo que Dios le había hablado, a lo cual la nación contestó con las siguientes palabras: “Haremos todas las palabras que Jehová ha dicho” (Éxo. 24:3).

Por supuesto, como lo muestra la historia sagrada y lo demuestra nuestra propia experiencia, una cosa es declarar que se es obediente y otra muy distinta es extendernos por fe y entregarnos a fin de obtener el poder divino que nos da la gracia de hacer lo que dijimos que haríamos.

Lee Hebreos 4:2. ¿De qué manera este versículo explica el fracaso de Israel? ¿Cómo podemos aprender a evitar el mismo error?

Solo por fe y por aferrarnos a las promesas que vienen por fe, podemos ser obedientes, una obediencia que se expresa por la lealtad a la ley de Dios. La obediencia a la ley no era más contraria al pacto eterno en el tiempo de Moisés de lo que es en el nuestro. La mala percepción corriente acerca de la ley y de los pactos, que generalmente surge cuando leemos a Pablo, aparece por no tomar en cuenta el contexto en el que Pablo escribía: el de tratar con sus adversarios judaizantes. Ellos querían hacer de la ley y la obediencia a ella el centro de la fe; Pablo, en contraste, quería hacer de Cristo y su justicia el componente central.

¿Cuán a menudo has dicho: “Todo lo que el Señor me dice haré” solo para dejar de cumplirlo? ¿De qué modo esta realidad desafortunada hace que la promesa de gracia sea mucho más preciosa? ¿Qué esperanza tendrías sin ella?

lunes, 7 de diciembre de 2015

El pacto con Abraham


Lee Génesis 12:1 al 3; 15:1 al 5; 17:1 al 14. ¿Qué nos dicen estos textos acerca de lo que Dios quería lograr por medio del pacto que hizo con Abraham?

El pacto abrahámico de gracia es fundamental para todo el curso de la historia de la salvación. Por eso Pablo lo usó para ayudar a explicar el plan de salvación como se cumplió en Jesús.

Lee Gálatas 3:6 al 9 y 15 al 18. Según Pablo, ¿en qué sentido el pacto hecho con Abraham se conecta con Jesús y la salvación solo por la fe?

Por medio de la simiente de Abraham, refiriéndose no solo a sus muchos descendientes, pero en particular a uno, Jesús (ver Gál. 3:16), Dios bendeciría al mundo entero. Todos los que fueran de la simiente de Abraham, que ocurre por fe en Cristo (Gál. 3:29), encontrarían que el Dios de Abraham era también su Dios. Aun en ese tiempo, Abraham “creyó a Dios, y le fue contado por justicia” (Gál. 3:6). Abraham no fue salvado por obras más que el ladrón en la cruz; siempre es la gracia salvadora de Dios, y ella sola, la que trae la salvación. Abraham cumplió su parte de la promesa del pacto, no porque fuera perfecto, ya que no lo era, sino porque fue obediente, lo que reveló la fe que se aferra a la promesa de salvación. Sus obras no lo justificaron; en cambio, las obras mostraron que él ya estaba justificado. Esa es la esencia del pacto y cómo se expresa en la vida de fe (ver Rom. 4:1-3).

Medita en la gran verdad de que la esperanza de salvación solo viene por la justicia de Jesús acreditada a ti por fe. ¿Qué gran esperanza y gozo puedes obtener de esta maravillosa provisión hecha a tu favor?

domingo, 6 de diciembre de 2015

El pacto de Dios con toda la humanidad


Consideremos cuán malo es el mundo hoy; veamos todo el mal que hay en él. Y Dios todavía nos soporta; así que solo podemos imaginar cuán malas deben de haber sido las cosas para que Dios destruyese el mundo entero con un diluvio. “Dios había dado a los hombres sus mandamientos como norma de vida, pero su ley fue quebrantada y, como resultado, cometieron todos los pecados concebibles. La impiedad de los hombres fue manifiesta y osada, la justicia fue pisoteada en el polvo, y las lamentaciones de los oprimidos ascendieron hasta el cielo” (PP 80).

Lee Génesis 9:1 al 17. ¿Qué pacto hizo Dios con la humanidad, y de qué modo se refleja la gracia de Dios hacia su creación?

El pacto que Dios expresó a Noé fue el más universal entre los pactos bíblicos; es con toda la humanidad, e incluye a los animales y también a la naturaleza (Gén. 9:12). Además, este es un arreglo unilateral: Dios no impone ningún requerimiento o estipulación a aquellos con quienes estableció el pacto. Sencillamente, él no destruiría la tierra con agua otra vez, punto. A diferencia de otros pactos, no hay nada de condicional en él.

Dios entonces selló su pacto con una señal visible, un arcoíris, que simboliza la promesa del pacto de que la tierra nunca será destruida otra vez por un diluvio. Así, cada vez que vemos un arcoíris, el mero hecho de que estamos allí para verlo es, a su manera, una vindicación de esta antigua promesa del pacto. (Después de todo, ¡si hubiésemos sido eliminados en el diluvio universal, no estaríamos aquí para ver el arcoíris!) En medio del pecado y el mal constantes en la tierra, a veces somos bendecidos con la belleza del arcoíris, una señal de la gracia de Dios hacia todo el mundo. Podemos mirarlo y obtener esperanza, no solo por cuán bello es en sí mismo, sino también porque sabemos que es un mensaje de Dios, un mensaje de su amor hacia nuestro miserable planeta.

Medita en la belleza y la grandeza de un arcoíris. Especialmente a la luz de lo que la Biblia nos dice acerca de este espectro luminoso, ¿de qué modos puede acercarnos a Dios, a la trascendencia, a algo más grande de lo que esta tierra ofrece?

sábado, 5 de diciembre de 2015

“El pacto”



Lee Para el Estudio de esta Semana: Génesis 9:1-17; 12:1-3; Gálatas 3:6-9, 15-18; Éxodo 24; Jeremías 31:31-34; 1 Corintios 11:24-26.
Para Memorizar: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá” (Jer. 31:31).

Aunque la Biblia habla de “pactos”, en plural (Rom. 9:4; Gál. 4:24), hay solo un pacto básico, el de gracia, en el que Dios otorga la salvación a los seres caídos que la reclaman por fe. La idea de “pactos” (plural) surge de las diversas formas en las que Dios expone la promesa esencial del pacto a fin de atender las necesidades de su pueblo en diferentes momentos y ambientes.

Pero, sea el pacto adánico (Gén. 3:15), el abrahámico (Gén. 12:1-3; Gál. 3:6-9), el sinaítico (Éxo. 20:2), el davídico (Eze. 37:24-27) o el Nuevo Pacto (Jer. 31:31-33), la idea es la misma. La salvación que Dios provee es un don, inmerecido y del que no somos dignos, y la respuesta humana a ese don –el mantener la parte humana del trato− es la fidelidad y la obediencia.

La primera mención del Nuevo Pacto está en Jeremías, en el contexto del retorno de Israel del exilio y las bendiciones que Dios les otorgaría. Aun en medio de la calamidad y las dificultades, el Señor extiende a su pueblo extraviado la oferta de esperanza y restauración.

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